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Premios de redacción: La noche europea de los volcanes

Los alumnos de 4º ESO  de nuestro Colegio: Iris Rosenberg Suaréz y Ulises Manuel Liz Vázquez han sido galardonados con el I y II Premio de Redacción en la Noche europea de los volcanes, celebrada el 30 septiembre en el Puerto de La Cruz.  En cuanto a bachillerato, I y II Premio  fue concedido a las alumnas: Carlota Richer Jorgensen y Iria Baltar Jorge. También en la categoría de Dibujo el I Premio recayó en Ana Socas Padilla de 2º de bachillerato y Claudia González Herrera de 3 ESO. Como muestra de este Acto a continuación podrán leer el relato “Cenizas”, una redacción de amor a la naturaleza, con las más bellas imágenes dedicadas a esa vida que late dentro de los Volcanes y que nos identifica como seres isleños. Desde este rincón de La Orotava nuestra más grata felicitación a todos estos alumnos y gracias por seguir apostando  por la creatividad literaria y artística.

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CENIZAS

Alguien tendría que decirle al hombre del tiempo que está equivocado. Porque cada vez que me miras, el suelo tiembla un instante, y el aire se vuelva más cálido, más agobiante. Y yo también te miro. Tus ojos gritan humo. Chispean cenizas. ¿Y ellos? Ellos nos tienen miedo. Lo leo en sus miradas, en el azufre que inspiran sus palabras. Pero aun así, algunos se acercan. Ninguno avisa al hombre del tiempo, ninguno obedece las predicciones, ni a los aparatos, ni a las señales. Ni siquiera nosotros. El suelo está más caliente, quema; mi mano se aferra a la tuya como si el suelo se pudiera romper, como si pudiera explotar. Y explota. Al principio, llegan las piedras, diminutas; me abrasan la piel y me impiden respirar. Y luego llegan las bombas, las bombas de mentiras. Todavía huelen a tus besos, y siento como la lava que corroía mi piel, que se perdía entre las olas, en la orilla de mis lágrimas, empieza a solidificarse, se intenta abrir un camino entre las bombas. Pero no puede. No puedo. Todavía está caliente, y se queda ahí, como una nueva armadura, una nueva fortaleza. Ahora entiendo por qué nadie llamó al hombre del tiempo. Él predijo el falso frío, pero quizás no era el indicado para detener la explosión. Recuerdo las señales, el vulcanólogo que, como un viejo amigo, nos avisó lo que podría pasar. Pero no la detuvo. ¿Acaso alguien puede hacerlo? La temperatura vuelve a bajar, el suelo deja de temblar, la lava no llega al mar. Miro tus ojos. Un día salieron bombas. Incluso humo. Pero ya no hay nada. Ni siquiera tiemblan, ni siquiera tiemblo. Un débil suspiro de azufre se despega de tus labios, dejas escapar la última huella de lava. ¿Y ellos? Ellos vuelven, no se quedaron durante la explosión. Ellos vuelven, para recordar en lo que nos hemos convertido, en piedra, en ceniza, en polvo. En todo. En nada.

Iris Rosenberg Suárez (Colegio Casa Azul 4º ESO)

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